Okonomiyaki de la señorita Melocoton 

  • En Japón el okonomiyaki se asocia generalmente con la región Kansai, donde se cree que fue su lugar de origen, e Hiroshima. Es considerado de todas maneras uno de los platos típicos de Osaka, junto al takoyaki, y es en esta misma ciudad donde podemos encontrar la mayor variedad de restaurantes especializados en okonomiyakiing 
  • La masa cocinada consiste en una base de harina, ñame rallado, agua, huevo okonomiyaki deseado. Algunos ingredientes comunes son la cebolleta o cebolla de verdeo, carne, calamar, camarones, vegetales, kimchi, mochi y queso. Una vez listo el okonomiyaki, este es cubierto con salsa de okonomiyaki, mayonesa, aonori y katsuobushi. Estos ingredientes se proporcionan aparte para utilizarlos al gusto del consumidor.

Ingredientes:

2 huevos

2 tazas de harina

1 taza de agua

1 col cortada en cuadrados pequeños

2 cebolletas

Beicon 

Mayonesa

Salsa okonomiyaki 

Batimos los dos huevos bien batidos y agregamos la harina y poco a poco el agua hasta formar una pasta como de un yogurt liquido. Luego incorparomos la cebolleta y por último la col y el beicon.

Calentamos la sartén, ponemos un poco de aceite y vamos haciendo tortillas individuales.

Se sirve caliente y cada comensal se pone a su gusto la mayonesa, la salsa okonomiyaki y el katsuobushi (son laminas muy finas de bonito seco) nosotros hoy no teníamos.

Espero que os guste esta receta, a mi me encanta y no crei que fuera tan fácil de hacer!!!!

   
             

Cena coreana en Tolne Gjaestgivergaard “Ma Ma shit suh yo”

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Chieko y sus padres se sentaron a cenar en la sala trasera, que daba al jardín interior.
-Hoy los Shimamura nos enviaron un poco de sushi de hoja de bambú. Lo siento. Sólo preparé un poco de sopa para acompañarlo.
El sushi con hoja de bambú preparado con pargo era el plato favorito de Takichiro.
-trajeron el sushi un poco tarde -dijo Shige. Luego se refirió a su hija- Chieko fue a ver otra vez los cedros de Kitayama, con Masako.
El sushi estaba apilado en un plato de Imari. Dentro de cada una de las hojas de bambú, dobladas en triángulo, una delgada rebanada de pargo descansaba sobre un lecho de arroz. La sopa tenía tenia principalmente tofu seco y algunos hongos.
Kioto -Yasunari Kawabata-
Hemos cenado:
Sam gyup sal
Gal bi
Kim chi
Shick cho
Bul go gi

Cena en casa del profesor Tae Keun Yoo -Moungyeong-Korea

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Dos años después de mi regreso a Extremo Oriente, en 1911, fui invitado un día a una fiesta al aire libre en casa de un amigo artista de Tokio. Veinte o treinta pintores, actores, escritores, etc., estaban reunidos, sentados en el suelo de una gran habitación para el té; se veían pinceles y platillos conteniendo colores esparcidos por todas partes, y al poco rato entregaron unas vasijas de cerámica sin esmalte, para que escribiéramos o pintáramos algo en ellas. Casi todos los japoneses bien educados son suficientemente hábiles con el pincel para poder escribir una frase cursiva decorativa, de gran belleza a los ojos occidentales, e incluso muchos de ellos también pueden pintar. Se me dijo que en el transcurso de una hora estas cerámicas serían esmaltadas y después cocidas en un pequeño horno portátil, que un hombre estaba alimentando con carbón en el jardín, algunos metros más allá de la terraza. Luché con mis pinturas y los extraños pinceles largos, se llevaron después mis dos vasijas, las sumergieron en un cubo lleno de barniz de plomo blanco cremoso y las colocaron alrededor del techo del horno, para calentarlas y secarlas durante algunos minutos antes de introducirlas cuidadosamente, con unas tenazas de largos brazos, en la caja interior del horno o mufla. Aunque esta cámara estaba ya a la temperatura de rojo naciente’, las vasijas no se quebraron. Se colocaron unas tapas de refractario encima del horno y el ceramista atizó el combustible hasta que saltaron chispas. Al cabo de media hora el interior de la mufla se puso gradualmente al rojo claro y pudo verse el barniz de nuestras vasijas a través de la mirilla, fundidas y brillantes. Se retiraron las tapas y se sacaron una a una las relucientes vasijas, que colocaron sobre baldosas. Su brillo fue atenuándose lentamente y aparecieron los verdaderos colores, mientras se producían curiosos ruidos, leves, secos y tintineantes y el esmalte iba cuarteándose por efecto del enfriamiento y la contracción. Transcurrieron otros cinco minutos y pudimos coger cautelosamente nuestras vasijas.

Como resultado de esta experiencia, debió despertarse en mí un impulso adormecido, pues empecé enseguida a buscar un maestro. Poco después encontré uno en Ogata Kenzan, anciano bondadoso y pobre, arrinconado por el nuevo comercialismo de la era Meiji. A la sazón vivía en una casita de los barrios bajos del norte de Tokio. Por él aprendí cómo hacer raku y gres de acuerdo con la tradición japonesa. Sin ninguna duda, la mayoría de las obras atribuidas al «Primer Kenzan» en nuestras colecciones occidentales, fueron en realidad hechas por él o por su inmediato predecesor Kenya. Todavía nuestro anciano, como todos los artesanos orientales, se sentía perdido cuando se apartaba de la tradición y cedía a la influencia de Occidente. Más tarde me puse de acuerdo con él para que me construyera un horno en mi jardín, me revelara sus fórmulas tradicionales y me guiara durante dos años. Pasé nueve años seguidos en Japón y China, cada vez consagrando más horas de mi tiempo a mi nueva vocación, recogiendo ideas de todas las fuentes que se ponían a mi alcance, y sometiéndolas a la prueba final del fuego. El raku tiene dos desventajas que deben mencionarse junto a aquellas cualidades que obviamente lo hacen recomendable al artista, al artesano y a la escuela: poroso cuando nuevo, y relativamente frágil; con el uso y el tiempo los poros de la pasta y las figuras del barniz se van tapando gradualmente, de tal forma que es por tal razón que a veces dejan de producirse las huellas de humedad que transpiran las vasijas por su base sobre una superficie pulimentada. Su fragilidad, debida a la baja temperatura de cocción, requiere que las paredes, las asas y los pitorros sean bastante gruesos. Por esta razón no es aconsejable hacer en raku los finos juegos de mesa. Una cocción preliminar del bizcocho a más alta temperatura fortalecerá la pasta, pero a expensas del carácter blando característico de este barniz y de su aspecto agrietado. Los japoneses fabrican cerámica de esta clase, usando barnices coloreados blandos sobre un bizcocho cocido a temperatura de gres, y la denominan «Kochi» (cerámicas de Cochin-China); pero para realizar este tipo de cerámica se necesita un horno que alcance altas temperaturas.”
Al ser invitados a casa del profesor Yoo, me acorde de este magnifico texto de Bernanrd Leach. Espero que os guste.


Comer en el Mungyeong chasabal tradicional festival 2015 -Korea-

image image image image image image imageLos tres fueron a Oichi, un sitio donde servían sopa de tortuga, situado en Rokuban, en el coche del negocio que conducía Ryusuke. Ochi era un viejo negocio famoso entre los turistas. Las habitaciones eran anticuadas, de techo bajo.
Comieron tortuga hervida en un caldero y estofado…
Chieko jamás había probado una gota de alcohol, pero el caldo de tortuga tenía una buena porción de sake.
Kioto -Yasunari Kawabata-

Vajilla “Enso” para una Estrella Michelin “Bon Amb”- Xàbia

Olga se decidió por un gazpacho a la rúcula y un bogavante a medio cocer con su puré de ñame y Jed por unas vieras a la sartén simplemente soasadas y un souflé de rodaballo a la alcaravea con nieve de pera Passa Crassana. A los postres se presentó Anthony, con su delantal ceñido, empuñando una botella de Castarède Bas Armagnac 1905. “Obsequio de la casa…”

El mapa y el territorio -Michel Houellebecq-

Estos son algunos de los platos con mi vajilla enso, que se pueden degustar en el restaurante Bon-Amb de Xàbia (Alicante)

 

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Mercado de San Cristobal de las Casas -Chiapas-México

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El mercado es una enorme plaza cubierta. Lo más extraordinario es el ruido que se oye fuera al pasar por la calle adyacente. Es un ruido tremendo del que sin embargo uno puede no darse cuenta. Suena como si todos los fantasmas del mundo estuvieran hablando unos con otros con voces fantasmales en la oscuridad del edificio del mercado. Es un ruido parecido a la lluvia, o a las hojas del banano movidas por el viento. El mercado esta lleno de indígenas de rostros oscuros y pies silenciosos, que hablan con susurros pero que se agolpan en un número incalculable. Los extraños murmullos susurrantes del idioma zapoteca mezclados con el español y las voces calladas y aparte de los mixtecas.

Acuden a comprar y a vender, pero sobre todo a mezclarse. En el viejo mundo los hombres se buscan dos grandes excusas para juntase en un lijar y mezclarse libremente en una multitud heterogénea y confiada: el mercado y la religión. Sólo estos dos motivos hacen que se junten hombres no armados desde el principio de los tiempos. Una pequeña cantidad de leña, una manta tejida, unos cuantos huevos y tomates son excusa suficiente para que hombres, mujeres y niños crucen las agotadoras distancias del valle y las montañas. Para comprar y vender, para hacer trueques e intercambios. Para intercambiar, sobre todo, los contactos humanos. Mañanitas de México –D.H. Lawrence-

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Toda la familia estaba involucrada en hacer tortillas. El pan de la América central y de la América española y la única especie a encontrar a excepción de los pueblos principales. En una parte elevada de la cocina esteaba el comal descansando en tres piedas con fuego debajo de ellas. Una de la mujeres había puesto antes a remojar los granos de maíz en una vasija de barro con agua de limón para remover la cáscara y, poniendo un puñado en una piedra oblicua con curva hacia adentro, lo molía con una especie de piedra hasta dejar una pasta dura. después las jovecitas lo tomaban y con las manos lo moldeaban haciendo una pasta plana y rdonda para dejarla sobre el comal y cocerla. Esta operación se repite en cada comida y gran parte de las actividades de estas mujeres consiste en hacer tortillas. John L. stephens.

Ingeedientes:

1/2 col cortada en juliana

4 cebollas en juliana

6 chiles guajillo, cortados sin semillas y remojados con agua

1 pechuga grande hervida y deshebrada

1 bote de tomate pequeño de salsa catsup o salsa de tomate hecho en casa con azúcar

1 Lata pequeña de chile chipotle

Sofreimos la cebolla, agregamos la col y el pollo, vamos probando de sal. Mientras trituramos los chiles guajillo con la salsa catsup y la lata de chile chipotle, colamos al sofrito anterior, rectificamos de sal y servimos.

Este relleno se serve con tortillas, con pan, con quesadilla, con lo que te guste.

Hoy Doña Maria Edith Cruz, nos ha preparado este plato para que lo aprenda y la comida a sido servida con dististos platillos como si fueran tapas y a lo que ellos le llaman “Botanas chiapanecas”.

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