Té Darjeeling macerado con trocitos de melocotón

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El vaso de cerámica es de la ceramista Eli Moretó Alvarado

El agua hirvió y el cocinero levantó el hervidor y la vertió en la tetera.

-Es terrible -dijo-. Cómo me duelen los huesos, qué daño me hacen las articulaciones; más me valdría estar muerto….

-Sí, hay mucha niebla -dijo Sai-. No creo que venga el tutor.

-Ordenó como piezas de un rompecabezas platillos, tazas, tetera, leche, azúcar, colador y  galletas Marie and Delite de modo que cupiera en la bandeja-. Ya lo llevo yo.

-cuidado, cuidado -la regañó él, que la siguió con un cuenco esmaltado en la bandeja lleno de leche para Canija.

Al ver que Sai aparecía como flotando, precedida por tintineo inquieto de las cucharillas sobre la lámina de estaño combada, Canija levantó la cabeza. “¿La hora del té?”, dijeron sus ojos al tiempo que su rabo cobraba vida.

El legado de la perdida (Kiran Desai)

Fugazmente visible por encima de la bruma, el Kanchenjunga se pude ver en alguna ocasión, yo no tuve esa suerte,  pero si que visite las plantaciones de té.

Hacemos el té como siempre y luego lo vertimos en una jarra con trozos de melocotón y ponemos azúcar moreno al gusto, una vez frío lo ponemos en la nevera y dejamos reposar como unas 4 horas. Es mi té preferido del verano.

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